Cambridge Analytica, la herramienta que hizo presidente a Trump llega a México.

Trolls, bots y cyborgs en las campañas políticas.

Trolls, bots y cyborgs en las campañas políticas.

Los bots (robots) de Twitter son cuentas automatizadas que hacen tareas mecánicas, generalmente distribuir spam, retuitear mensajes con determinadas palabras o repetir el mismo mensaje con distintas cuentas cuando aparecen ciertos hashtag. Los perfiles falsos son cuentas de nombre inventado y foto robada, manejadas al peso por personas reales (esta técnica se llama sockpuppeting). Los dos son actores habituales en el mundo de la campaña política desde hace tiempo. La evolución natural de ambos es el cyborg, el perfil falso y semiautomatizado que está contaminando las redes y que se cría en las granjas de trolls.

Las granjas de trolls son una especie de call centers donde cientos de personas crean, manejan y monitorizan cientos de miles de cuentas cyborg. No son hackers, porque no hace falta. Son publicitarios, periodistas y vendedores en paro, pero también estudiantes y amas de casa en apuros. No necesitan ser programadores, solo manejarse en las redes y gestionar un enjambre de cyborgs en distintas misiones. Su salario depende se su eficiencia, pero no cobran mucho. Es un trabajo precario en una economía brutal.

Si el cliente quiere generar interés en torno a un nuevo producto, el enjambre busca espacios de interés y produce cientos de comentarios positivos y los disemina rápidamente por medios, foros y tiendas online. Si el cliente quiere deshacerse de la competencia, el enjambre hace lo mismo pero para difamar. El enjambre ataca en grupo: los perfiles falsos se enlazan y se dan la razón unos a otros, tanto para defender un producto como para destrozar a un rival con abusos verbales o acabar con un tema a base de provocación.

También buscan humanos afines a los que alientan con su calor cibernético, creando relaciones tan apasionadas como la de Joaquin Phoenix con su teléfono en Her. Hacen astroturfing (campañas de propaganda que parecen haber surgido de manera espontánea, como un movimiento desde las bases). Cuando dos enjambres rivales se encuentran, levantan una gran cantidad de polvo que ciega a los medios de comunicación. Por ejemplo, cuando dos ancianitas son presuntamente desterradas de un vuelo por hablar en catalán.

Evidentemente, no les contrata el candidato. Les contrata la agencia o el spin doctor que lleva la campaña. Y no les contrata a ellos solos. Combinará a los trolls con agresivas herramientas de Big Data y marketing personalizado y la segmentación por perfiles de plataformas como Facebook y Twitter. Esa hidra venenosa de tres cabezas se ha convertido en la gran máquina de propaganda política de nuestro tiempo. La navaja suiza de las campañas políticas online.

“Los regímenes autoritarios no son los únicos que usan la manipulación organizada de las redes sociales”, explica el informe de Oxford. Ni siquiera son los mejores. “Los primeros registros de gobiernos revolviendo en la opinión pública son de democracias. Las nuevas innovaciones en las tecnologías de comunicación suelen venir de partidos políticos y surgen durante campañas electorales de alto nivel”.

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Usar propaganda para modificar comportamientos no es nuevo, ni siquiera en la Red. El ejército de EU ya contrataba empresas en 2011 para manipular las conversaciones online con miles de cuentas falsas y distribuir propaganda norteamericana en árabe, persa, urdu y pashto. Pero lo gordo empieza cuando el grupo británico SCL tiene un hijo llamado Cambridge Analytica. Un parto diseñado para utilizar tácticas militares en el terreno político.

Mercer tiene, entre otras muchas cosas, un thinktank negacionista del cambio climático y una agencia que se dedica a corregir medios progresistas. Le gusta invertir en comunicación: le dio 10 millones de dólares a Steve Bannon para relanzar Breitbart. Su hija fue la principal donante de la campaña de Donald Trump. Aunque empezó apoyando la campaña de Ted Cruz, Cambridge Analytica fue la calabaza que llevó a Trump a la Casa Blanca. Dicen que tienen perfiles psicológicos de 220 millones de adultos norteamericanos con 5 mil rasgos diferentes de cada uno.

Un detalle interesante: el germen del sistema fue un quiz de personalidad que el Psychometric Centre de la Universidad de Cambridge puso en Facebook, y que contestaron más de seis millones de personas, logeados en sus cuentas. Le siguieron más. SCL Group no podía usar esa mina de oro por estar sujetos a regulaciones más rígidas. Mercer invirtió fuertemente en la nueva empresa para poner la tecnología al servicio de la ultraderecha. Bannon era miembro principal de su junta directiva hasta que se convirtió en el estratega jefe de la Casa Blanca y consejero de Trump (le despidieron en agosto de 2017).

Lo siguiente que hizo Cambridge Analytica fue apoyar el Brexit, en dos campañas simultáneas: @vote_leave y @LeaveEUOfficial (lo cuenta el Guardian en un artículo imprescindible para entender las “injerencias”). Según el Proyecto de Propaganda Computacional de la Universidad de Oxford, en la antesala del referendum europeo Twitter se llenó extrañamente de cyborgs, y todos estaban a favor del Brexit. Resumiendo: no sabemos si la red global que apoyó a Trump e impulsó el Brexit ataca ahora a España. Pero, si lo hiciera, no sería en contra del gobierno de España sino a su favor.

Lo que sí sabemos es que la agencia de trolls más famosa del mundo se llama Internet Research Agency (IRA) y tiene su sede en San Petersburgo. Su dueño es Yevgeny Prigozhin, propietario de varios restaurantes de copete, incluyendo el lugar donde Putin celebra sus cumpleaños si está en la ciudad. No es la única, pero es la más conocida. Esto es gracias a dos famosos artículos de Adrian Chen en el New York Times y el New Yorker.

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Chen describe cómo los trolls a sueldo de IRA usaron Facebook, Twitter, Google y YouTube, entre otras plataformas, para interferir en las elecciones estadounidenses a favor de Donald Trump, como muchas otras cosas, con la intención de sembrar la paranoia e inutilizar la Red. En la última edición del festival The Influencers, en Barcelona, Chen explicó cómo había llegado hasta ellos y cuáles eran sus métodos: crear perfiles falsos, rumores falsos, noticias falsas. Caos y destrucción.

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