¿Ya conoces a Alexandra Elbakyan?

Alexandra Elbakyan, la pirata informática del conocimiento

Uno de los pilares en los que se sustenta la creación de conocimiento científico es en el libre acceso de los científicos a los resultados que obtienen sus colegas de su misma disciplina o de otras para aprender de ellos, buscando así continuar el camino iniciado antes que ellos y que otros seguirán. Ya sea para analizar hipótesis que otros plantearon y en ocasiones respondieron, para buscar inspiración sobre cómo continuar una investigación o para comprobar qué tal le va a la competencia, la lectura de estudios científicos es básica para el trabajo investigador.

Sin embargo, el sistema de publicaciones científicas y el libre acceso a las mismas tiene ciertas barreras allí donde se topa con el capitalismo. Actualmente, unas cuantas editoriales copan el mercado de las publicaciones científicas y sitúan bajo una barrera económica el acceso a la mayoría de ellas y a casi todas las de mayor interés. Eso significa que para leer, hay que pagar, con el absurdo añadido de que en muchas ocasiones los mismos científicos que generan esos artículos deben pagar para poder consultarlos.

Distintas iniciativas tratan de poner solución a esta situación que muchos consideran abusiva. Una de ellas es la que creó Alexandra Elbakyan, científica y desarrolladora kazaja conocida por lanzar un proyecto que permite el acceso gratuito a publicaciones de pago y que es conocida y utilizada por científicos y no científicos de todo el mundo.

Según ella, la ciencia y el comunismo comparten una misión común de acceso libre e igualitario al conocimiento, especialmente en un mundo en el que la mayoría de las investigaciones están financiadas en último término por fondos públicos: si el dinero con el que se financian los estudios es público, sus resultados deberían serlo también. 

Así que en 2011 puso en marcha Sci-Hub, una página donde localizar y acceder de forma gratuita millones de artículos científicos por los que de otra forma habría que pagar. Por este motivo un artículo publicado en la revista Science (y que, irónicamente, solo puede leerse completo bajo registro) de este año la describía como “un asombroso acto de altruismo o un empeño criminal masivo, dependiendo de a quién le preguntes”. En cualquier caso, su irrupción en la escena de las publicaciones científicas ha tenido tal impacto que en diciembre de 2016, la revista Nature, que también pertenece a un poderoso grupo editorial, la nombró una de las 10 personas que más marcó la ciencia de ese año.

Sus servidores han llegado a alojar 64 millones de papers. Su relevancia fue en aumento hasta que en 2015 la editorial Elsevier, dueña de algunas de las revistas científicas más relevantes del mundo (que cobra unos 30 dólares de media por acceder a cada artículo), la demandó y ganó por daños y perjuicios exigiéndole el pago de 15 millones de dólares como indemnización. Puesto que la demanda ha sido interpuesta en Estados Unidos y ella no vive allí (su actual paradero exacto es desconocido), de momento no ha pagado nada de esa indemnización, y es posible que no lo llegue a hacer nunca. La web de Sci-hub desaparece periódicamente para volver a estar online poco después bajo un dominio nuevo, evitando así el cierre definitivo por parte de las autoridades.